jueves, 15 de junio de 2017

RUTA DEL 40 DE MAYO. ALTO DEL LEON.

A pesar de la hora temprana a la que era la cita, ya el sol imponía justicia haciéndose valer en este cuarenta de Mayo del 2017.

Uno a uno fuimos llegando al parking 1 del embalse de la Jarosa, desde donde partía el recorrido de esta semana. Además de Elcuri (de corto), Chelero, Sali, Lreal, Chao y Blogger, esta semana se enfunda la elástica el amigo Julian, que a pesar de haber estado en el dique seco las ultimas semanas ha escogido esta ruta para ponerse al día y sentir en primera persona lo que siente un homo polvorancus.




A boca jarro, con el pulso aún en reposo, encaramos la primera pista, de subida, amplia, con algún tramo asfaltado, firme, de fácil rodadura,  la rueda se agarra fuerte para compensar los rigores de la pendiente de subida, la gravedad se hace patente en los cuadriceps peludos de los polvorancus, que entran en calor con relativa facilidad.

El desnivel impone distancias democráticas entre los los bikers que pedalada a pedalada van subiendo los primeros 500 metros de desnivel en apenas 6 kilómetros. 





Tras este esfuerzo inicial, del que solo se libra Chao, pues usa mas la cabeza que los piñones y pone a su servicio la electricidad de la brinco, que le hace la vida mas fácil; tomamos la pista que lleva al collado de la Mina, nos desviamos antes de llegar al Collado, abrimos  la cancela que separa el bien del mal,  y tomamos la bajada, justa y merecida tras el esfuerzo descomunal. Dudamos en la primera parte, pues por intuición nos dejamos caer en brazos de un sendero que no correspondía, pero tras rectificar tomamos el buen camino. 





Estrecho, sin apenas curvas, bajaba vertical, como si fuera una chorrera de agua en otros tiempos, y que en estas fechas sin agua, deja ver las piedras del fondo, de todos los tamaños y formas, y algunas raíces a los lados para darle un toque mas melancólico al paisaje: en fila, como una manada de lobos avanzamos por la sombra fresca que nos brinda tan bello paraje. A pesar de que el cuerpo pide velocidad, la precaución manda,  la ruta estaba calificada como moderada por la falsa modestia de su autor, no es la primera vez que nos sucede, en ocasiones la humildad del wikiloco nos lleva a confusiones,  y nos encontramos que  se presentan mas dificultades técnicas de las esperadas. 





En una de esas bajadas picadas, ya en el camino del Ingeniero,  el que escribe sufre la rotura de la pieza que une la tija y el sillín, y estampa sus carnes contra el pasto, sin librarse de algún raspón de las piedras omnipresentes, eso si, de escasa relevancia, pero con el honor dolorido, y preocupado ante el reto que se presenta, salvar los 500 metros de desnivel que faltan de vuelta, sin sillín, asunto que además de incomodo, pone en riesgo la integridad y la virginidad del biker. Pocos casos se conocen que hayan superado el reto con dignidad.




Hábiles estuvieron mis compañeros, tirando de unos desmontables, y de mucho ingenio, de hecho nos encontrábamos sin saberlo en el camino del Ingeniero,  dieron con la solución y pusieron a salvo mi reputación. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a tan generosa labor. Va por ellos esta crónica!!! 





A pesar del retraso encaramos el regreso al punto de partida, pasamos primero por San Rafael, y tras callejear y cruzar la Nacional VI, tomamos la pista que nos lleva hasta las proximidades del Río Moros. Las sombras del pinar nos ponen a salvo de los rigores de este cuarenta de mayo, y cada pedalada suma para alcanzar  el puerto de los Leones.






El firme del ultimo tramo estaba roto, y picaba el gemelo como el chile, tuvimos que detenernos antes de llegar al puerto para recomponer los nutrientes perdidos, líquidos y sólidos, en un avituallamiento rápido pues la ruta tiene final con hora; rigores del bonobici.





Pasamos por la puerta del cuartel del ejercido del Aire en el alto, y nada mas rebasarlo, tenemos otro percance; la cadena de Julian decide romperse: no hay mas remedio que entrar en boxes. Los mecánicos son rápidos y al segundo intento, consiguen darle continuidad a la cadena para que haga su trabajo. La hora se nos echa encima, no da tiempo a terminar el track, llegan los recortes, la bajada la haremos por donde hemos subido, a nuestro favor en esta ocasión pues ahora es todo p´abajo.





Tomamos la pista por la que habíamos subido, y dejamos caer las bicicletas, cada uno a su ritmo. Nos detuvimos a hacer unas fotos sobre los embalses de Valmayor y la Jarosa que están justo a nuestros pies: a la derecha cuelgamuros, el valle de los caídos y los restos del caudillo.






La pista zigzaguea y en una de sus curvas nos damos de bruces con la mala noticia de la semana. Julian se desequilibra y da con sus huesos contra la pista, como un muro. Se levanta solo, pero tiene mala cara, El curi masajea y mueve el hombro, pero aquello pinta mal. El percance sucede justo en el tramo mas fácil del recorrido, y a tan solo dos kilómetros del final, sufre una caída con síntomas de rotura. Nos quedamos helados. 





Final amargo para una excelente mañana de mountain bike, sabor agridulce por el final accidentado, estos percances suceden cuando menos te lo esperas, y ninguno estamos a salvo, es un riesgo que asumimos en cada salida. Los escasos 40 kilómetros de recorrido por ese entorno natural merecen mucho la pena, fuertes subidas, con sus bajadas técnicas, y obstáculos que te hacen segregar adrenalina y desconectar de la rutina. Una gozada. Deseamos una pronta recuperación al lesionado para vernos pronto rodando a su lado. 

Y para terminar el vídeo del Curi, con miles de imagenes que valen mas que millones de palabras. 




Palabra de polvorancus. 



Nos vemos en la próxima. 





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viernes, 12 de mayo de 2017

El hombre que espantaba los buitres...

Conseguir alimento en los tiempos que corren, se vuelve una tarea cada vez mas dificil para las aves carroñeras de la meseta castellana.  Sobrevolando la planicie el buitre observa atento todo lo que sucede mas abajo, el olfato y la vista se vuelven imprescindibles para sobrevivir en el poco espacio que hay entre las urbes cada vez mas pobladas.



Pero hoy es dia de fiesta, vispera del dia de la madre, los buitres lo celebran con una comida especial,  proteina de  vaca que yace muerta en una de las praderas en la finca de Moncalvillo, y el patriarca mas buitre y sus colegas se pegan un festín de carne fresca, recien muerta en una pradera de color verde intenso a pesar de las pocas lluvias de este año. 



Los aguzados picos rasgan la carne roja, y justo cuando están llegando a lo que viene a ser el chuletón y el churrasco,  oyen un grito fuerte VOY A PILLARTE CABRÓN!!! 






Un escalofrío recorre el cuerpo de este grupo de buitres, que no están acostumbrados a ese vocabulario, y se quedan estupefactos al ver como se abalanza sobre ellos una especie de vaquero sobre dos ruedas con casco y vestido de lycra de colores fosforescentes. Podrían plantarle cara, no tiene pinta de torero  a pesar de llevar ropa ceñida, y aunque luce escudo de la legión,  no parece que vaya armado, pero prefieren extender sus alas y levantar vuelo para desde arriba tomar perspectiva. 



Desde arriba ven un grupo de bikers, de apariencia inofensiva,  los mismos que hacía un par de horas partían desde el Molar, y se abrían paso entre la densa niebla. Primero rodaron por la zona del Cañón del río Guadalix, pronto el sol fue pudiendo con la densa niebla de primera hora. Una vez que descendieron hasta el río hicieron una primera parada fotográfica en el Azud de Mesto, rincón del río que esta vez bajaba con menos agua que otras veces. 






Detrás estaba esperando la senda que transcurre paralela al río, el paisaje es espectacular siempre, ni siquiera los buitres de la zona terminan de acostumbrarse, y ahora, en primavera, tiene un color especial. Al final de la misma, y tras un tramo de pista se hicieron fotos en la cascada del Hervidero parada obligatoria del recorrido. 





Tras esta parte del recorrido que era de perfil favorable, poco desnivel acumula, empezó el ascenso para llegar a la dehesa de Moncalvillo, terreno parcialmente recorrido en una ocasión anterior, pero esta vez volvieron con la decisión de recorrerlo entero, pues en la primera visita, que fue apenas de prospección,  tuvieron la desdicha de cruzarse con algún garrulo que apropiándose de terrenos públicos los expulso de aquel bello paraje. 




Esta vez, seguros de que por allí se puede montar en bici sin tener que tener mas permiso que el del bono bici, disfrutaron de lo lindo del sol, los aromas y los colores de la primavera.  No faltaron caballos y vacas, y aunque alguna mostró poses mas propias de cosíos taurinos que de pacíficos pastos, pero  no hubo embistes ni amagos que pudieran llevar al suelo a alguno y ser pasto de los buitres que pacientes sobre vuelan el campo esperando disfrutar la corrupción de algún cuerpo.



Ya cuando el track se orientaba al punto de partida tuvieron ocasión de disfrutar de una trialera de esas que hacen salivar profusamente a Migaego, con piedras y curvas delirantes. Hubo equilibrio, y pericia, por fortuna para unos, que pudieron seguir disfrutando de la mañana en bici y desgracia para otros, pues sin caídas no hay posibilidades de degustar el preciado manjar que es el jamón  peludo de homo polvorancus.   





Pasadas las doce, los bikers salen de la dehesa y cruzan el famoso acueducto que sobre el río se asoma a un bello acantilado: no hay vértigo, y a fila de a uno desfilan por la senda que recorre el acueducto, los buitres no tienen fortuna, ningún homo polvorancus cae. 





Estas bellas aves siguen pacientemente el recorrido del grupo, pues al final les esperan unas rampas con fuerte desnivel y esa puede ser la ultima ocasión en la que haya posibilidad de caída, desmayo y por ende segundo plato del menú de la previa al día de la madre. Pero tampoco pudo ser. Poco a poco, en grupo estirado eso si,  van llegando al punto de salida de la ruta uno a uno según sus posibilidades, al cementerio del Molar, campo santo donde abunda la carne, pero  ya pasada para el gusto de estas aves.





Al final algo mas de 40 kilometros de bello recorrido por una dehesa desconocida que combinaba dos rutas que por separado ya tuvieron éxito en su dia,  y que esta vez juntas, se disfrutaron doblemente, un bonito sofrito que de la mano del maestro Towers la guardamos en la trackteca, y que seguro que volveremos a repetir. Los mejores ingredientes, buenos parajes, buena temperatura, y buena compañía, en esta ocasión asisten Alameda,Blogger,Jolu,Migaego,Rubaoliva,Tejerina,Towers,Manuelsunn, Vara-Kt, en fin, no se puede pedir mucho mas. 


Aquí os dejo los videos  de la semana, esta vez de la mano de Migaego, el espanta-buitres.







Y la versión extendida by Jolu.




Palabra de polvorancus. 

Nos vemos en la próxima. 


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sábado, 29 de abril de 2017

Subimos por pista...bajamos por sendero.

Uno a uno van llegado al punto de partida, puntuales muestran orgullosos su pasaporte recién estrenado, el destino ha puesto el banderín de salida lejos de casa, atrás quedó Madrid, y  también Toledo, la ruta de esta semana comienza en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, en la Mancha, mas allá  de los dominios del bonobici, esta semana damos un salto y ponemos rumbo a Puerto Lapice.



El pasaporte da cobertura para irnos a celebrar el día del libro recorriendo los parajes donde se desarrollaron los relatos de uno de los autores universales de la literatura española, nos metemos en el papel de caballeros andantes y nos subimos en nuestras bicis para conocer las estribaciones de los montes de Toledo.






Esta semana buscan la aventura manchega, Towers, Sali, Migaego, Torrejota, blogger, Elcuri, Chelero, Javi y Fran.



Partimos de Puerto Lapice de la mano de los anfitriones, dos caballeros de la Villafranca  toledana, ellos  nos muestran el camino, primero una de sus pistas, recta y llana mancha, con alguna piedra,  suelta las mas veces, nos marcamos un ritmo suave, de no malgastar mucho aliento y así como procede, darnos buena cuenta de nuestras andanzas en semana santa, que por ser tiempo de poco oficio, nos ha permitido a cada uno, vivir sus aventuras a sus maneras fuera del grupo, porque si bien, la semana de pasión son tiempos de procesiones y ayunos, también es menester vivir aventuras propias de caballeros, montar en bici y conocer nuevos lugares.



Poco a poco el terreno se va empinando, al fondo se ven los primeros cerros de estas sierras, a veces toledanas y otras realeñas. Los anfitriones, manchegos donde los haya, avisan de que el trazado sube por pista y baja por sendero, y tras pasar cerca de un árbol centenario, nos encontramos con la primera cerca con cartel de aviso de precaución por rececho de ciervos. Avisados estamos todos los presentes, de toda condición, que  entramos en terrenos de ciervos y jabalíes, animales de paz, si no se ven acorralados, pues son conocidas ocasiones que envisten sin mucho miramiento, y  con no muy buenas intenciones.




El paisaje empieza a cambiar, el primer camino cabalga sobre siembra, algún tractor se apropia del camino público, y ara y siembra camino de todos, para ofensa y deshonor público, pues es sabido que las tierras de Castilla tienen espacio libre para circular cuan caballero andante desee conocerlos; nosotros rodamos sobre siembra para adentrarnos en aquel bello paraje. La pista nos empieza a castigar las piernas, la temperatura empieza a subir,  las primeras subidas nos meten el calor en el cuerpo.





En una de las reagrupaciones tuvimos la aparición de un caballero de la orden de los Jarkonen, un endurero provisto con  casco integral, montado sobre rocín  que nos dio indicaciones para aproximarnos al lado obscuro y buscar bajadas picadas. Pero el Curi, que es caballero de esos que no cambian fácil de parecer, tenaz se   mantuvo en sus 13, escuchó los consejos del endurero, quizás para seguirlos en  ocasión distinta, pero el track es el track, y seguro de sí, no se baja del burro.



Bajamos pronto lo que  tanto había costado subir, Migaego ya empieza a ver con malos ojos tanto parriba, es de justicia recordar, que aunque lleva el escudo de la legión en su ADN, no da por  buenos tanto penar con subidas innecesarias.


 Pero no era este el día de su fortuna, y su desdicha se hace mayor cuando en  un despiste, los que van delante  nos encararon  con un alto de un cerro, subida por pista como ya nos habían advertido,  que dejaba a nuestro lado unas vistas impresionantes sobre el valle. Si no subes, no lo ves. 



Coronamos el Vasto, que así llaman aquel cerro los del lugar,  y mientras nos reagrupamos,  pues el desnivel desfizo la caravana como siempre es menester, dos parejas de buitres vienen a sobrevolar sobre nuestras cabezas, no sabemos si aventurando algún cadáver tras aquellas rampas peliagudas, o al olor del tupper de chorizos que escondía el Curi en la mochila, o el picante embutido que Torrejota mostraba sin pudor en su espalda, pues bien, estos carroñeros no hacen distingos entre chorizo picante o al vino, pues ambos son carne ya muerta, como ellos prefieren de siempre por sustento.








Tras las fotos tomamos camino hacia abajo, muy rápido, que bien merecidos lo teníamos,  no solo Migaego, sino toda la compañía, y con final interrumpido por una segunda valla, sin alternativas no tuvimos más remedio que saltarla,  con mayor o menor destreza, pues el brinco del vallado, no es habitual en nuestras desventuras, si bien la mancha siempre pone a prueba la  destreza de caballeros, para desfacer entuertos y proseguir con nuestras andanzas. Contamos con el permiso de los guías, que conocedores del terreno dicen ser habitual el salto del vallas y paramentos, no conocen caso de caballero que dispuesto a conocer aquellas lindes hubiera encontrado paso abierto.




Aprovechamos este momento de acrobacias para hacer más fotos, y tras una bajada de vértigo tomamos el primer sendero para que así se cumplieran las palabras del Curi, bajamos por sendero sinuoso dándole  al cuerpo la merecida recompensa como es menester y justicia.




Tras tanta curva, y tanto frenesí, con la iglesia nos hemos topao, y llegamos a la ermita de  Valdehierro,  Madridejos, en plenos preparativos de la próxima romería a primeros de Mayo, recién encalada y con zócalo en añil, como mandan los cánones del lugar. 



Rodeada de una zona de merenderos, nosotros tomamos lugar de una de las mesas, para sacar el mantel y reponer los nutrientes que habíamos perdido de camino,  y alguno más: sobre el mantel chorizo del que pica y queso manchego cortesía de Torrejota, chorizo de la suegra del Curi, pan de horno de pueblo, recien,  con su miga y todo ello regado con vino de la ya famosa bota tubeless de Migaego.  De postre Mistela, para endulzar y alimentar el alma de hidalgos aventureros,  pues no es solo cuestión de hambres en aventuras y hazañas, los intestinos requieren, y eso es por siempre, alimentos liquidos para poder enfrentarse a las desventuras que  la fortuna y que por las cosas del destino vinieren.








El éxito estaba garantizado, Chelero hizo una bendición previa de la mesa, y tras sus palabras nos propusimos no dejar ni una miga de pan de vuelta, pues el vientre clama con ardor de carencias que ya no le corresponden.  Y así fue. Tanto alimento en exceso va a acabar con nuestra triste figura, pues estas viandas no corresponden a caballeros andantes, pues los doctores con autoridad en estas y otras materias que se le parecen, recomiendan geles y barritas mas propias de caballeros andantes.





Volvemos a tomar las riendas de  las bicis dispuestos a liquidar el último tramo de ruta, nos acercamos a Puerto Lapice por pista, bajo los efectos de la mistela podemos ver  a lo lejos unos gigantes con grandes brazos amenazantes, pero que no consiguen amedrentarnos y nos vamos directos a por ellos.






Tras  las fotos de rigor a los pies de los gigantes, que en realidad eran molinos tras la batalla que nos supuso llegar hasta su lugar, el anfitrión, fiel al lema de la mañana, advierte que queda lo mejor de la ruta, y una vez concluida la subida por pista, era ocasión de bajar  por senda, como fue menester, nos descolgamos por una senda disfrutona rodeados de jaras en flor con un olor mas propio de bellas doncellas, que de un paraje como aquel.





Aunque el aroma y el paisaje era de lujo, la senda se hizo dura por momentos, el trazado por la falda del cerro sobre el que estaban los molinos era caprichoso y subía y bajaba según su propio criterio, y no entendía de lamentos, vinieran de donde vinieran. El chorizo y la mistela no colaboran, y el astro rey hace justicia poniendo a cada uno en el lugar donde le corresponde según su forma física, pues no es solo mañana de chorizos y mistela, pues hasta aquellos lugares se va también a emprender hazaña y dar hasta el alma si fuese menester.






Aunque las fuerzas al final parecen que nos abandonan, la idea de que en casa, a cada uno le espera su Dulcinea, bella dama que puede abandonar sus  delicadas formas si el caballero llega tarde de sus aventuras, y recibir a garrotazos al hidalgo, golpes con maña que no existe armadura que libre  de moratones, pues es el demonio el  que se apodere de su alma y arroje a la hoguera y por  siempre, bonobicis y pasaportes, y escoja por ventura no negociar mas permisos para aventuras, ni cerca ni lejos de la morada y ponga en wallapop en venta hasta al propio rocinante. Esa es la idea que nos ayuda a poner entusiasmo en el último tramo.




Al final nos salieron algo más de 40 kilómetros por terrenos ásperos de fuertes contrastes, por el cielo vigilaban  águilas y buitres, por tierra se escondían a nuestro paso ciervos, jabalíes y algún lince despistado, un terreno de olores y sabores intensos, pero sobretodo, fue una ruta preparada con mucho cariño, con el espíritu de  aquellos que te invitan a su casa, te ofrecen lo mejor y además te abren las puertas de par en par.

Y por si fuera poco el asunto, a continuación disfruten del video del Curi, por ir en cabeza de la compañía, da estampas dignas de mención.




Palabra de polvorancus.

Nos vemos en la próxima.

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