domingo, 3 de junio de 2012

Suavemente....

En fila.
Quince dias despues de la salida por Canencia, y ya recuperado de los sustos, las caidas, y ya completamente seco, volvimos a la normalidad empezando una salida en busca de un camino en el  que no hubiera tantas emociones juntas, a ser posible sin granizadas y sin toros sueltos.

En esta ocasión el reto debe ser distinto, disfrutamos de la incorporación de dos nuevos aficionados a la mountainbike, tenemos que hacer de buenos anfitriones, debe ser lo mas agradable posible. Hay que pensar algo que motive al grupo, algo que nos guste a todos, algo que nos ayude a dar pedales, y hacer llevadero el reto de este domingo.
La verdad es que se nos pasan por la cabeza muchas cosas, pero ¿que puede agradar a un grupo de hombres maduros? ¿en que piensan los hombres? ¿que podemos tener en común todos los tíos?
¿En qué piensan los hombres además de en el sexo?

Con esta duda partimos en una convocatoria a la que acudimos 6 globeros, y para hacerlo distinto de otras ocasiones, quedamos en la explanada de los Castillos de San Jose de Valderas, restaurados, un buen lugar para quedar. Pasamos lista, y estabamos todos a las 9:15 para salir hacia la ruta propuesta, que esta semana buscaba la cuenca media del Guadarrama, desde mas allá de Guadalmonte, hasta nuestro amado puente de hierro del Soto de Móstoles.
Castillos de San José de Valderas.


El calor, que se adelantó este año, ha hecho que el campo esté algo mas seco de lo que le corresponde, pero a pesar de ello disfrutamos en todo el recorrido de una agradable temperatura sin apenas sufrir calor. El rio Guadarrama tenía un cauce abundante, y la ladera del rio estaba llena de los vilanos de los chopos, que en primavera ponen el suelo blanco, esponjoso,  y que tanto molesta a los alergicos. Buscamos el Rio desde la parte alta de la urbanización del bosque de Villaviciosa, y nos lanzamos por un camino en su busqueda.

Tirándonos por la cuesta.


Rodamos  toda la ladera, cruzamos varios arroyos de agua que desembocaban en el Guadarrama, y pedaleando cómodamente, sin piques, ni carreras llegamos muy agustito al "rito de comerse el plátano". En esta ocasión los plátanos estaban mas lacios, mas maduros, el calor no favorece nada.
Momento plátano.

   
Bajamos hacia el campo de golf, sorteando precipicios (barrancos mejor dicho),  y llegamos hasta el puente de hierro con la idea del principio rumiando en nuestra cabeza ¿que tenemos en común todos? hay que meterle alguna emoción fuerte a la ruta, una pasión, o incluso un vicio.
al borde del precipicio.


 Y surgió la chispa; a cualquier mujer se le hubiera ocurrido a la primera, ellas nos conocen mejor,  y en ese momento, cuando subíamos por esa pedazo de cuesta que une Alcorcón y Móstoles, esa ligera cuesta que nos derrumba en ocasiones, no por su inclinación, si no por su constante desnivel, ligero, pero que te merma psicologícamente, y  ya cansados con mas de 40 km rodados, los muslos duros, con el gemelo arriba,  a todos se nos encendió la bombilla y alguien se atrevió a proponerlo;  y dió en el clavo.

Pensamos en esos cuerpos de reinas, rubias, que están en reposo, esperando a que llegáramos, y las agarráramos con sutileza, sin hacerlas daño, quietas, miedosas y frías, y nosotros con tanto calor. Nos estaban esperando, una gran recompensa al final del trayecto, da igual su precio, necesitamos saciarnos despues del esfuerzo. Y llegó el momento, y la agarramos con fuerza, para llevarnoslas a la boca, mirando de reojo al compañero, a ver como lo hacía él, si  todo de golpe, o poco a poco. La prudencia decía que había que hacerlo poco a poco, de una forma delicada, ¿qué van a pensar los demás?

con las rubias.

Y nos tomamos un pedazo de jarra de cerveza que nos supo a gloria de campeón, fresquita, en un jarra helada, ummm. Nos sirvió de sello a una escapada que sin duda repetiremos; le debemos las cañas al Rufi, no solo porque fue él el que lo propuso, sino porque además las pago.


Momentos de gloria.



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